¿ESTÁ ESTADOS UNIDOS LIBRANDO UNA GUERRA HÍBRIDA POR EL CONTROL DEL PETRÓLEO MUNDIAL?

Estados Unidos mueve los hilos del tablero petrolero mundial mediante rutas, compañías y presión estratégica
De Venezuela e Irán a Guyana, Rusia y Medio Oriente, Washington combina producción energética, sanciones, diplomacia, empresas privadas, protección militar y nuevas rutas para transformar el mapa petrolero mundial.
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Durante décadas, hablar de una guerra por petróleo significaba imaginar ejércitos ocupando territorios y controlando pozos.

Hoy el poder energético funciona de una forma mucho más compleja.

Ya no se trata solamente de poseer petróleo. Se trata de influir sobre quién puede producirlo, quién puede venderlo, quién puede comprarlo y por dónde puede transportarlo.

Cuando observamos conjuntamente lo que ocurre en Venezuela, Guyana, Rusia, Irak, Arabia Saudita, OPEC e Irán, comienza a aparecer un patrón.

No significa necesariamente que exista un único plan diseñado desde Washington.

Pero sí parece evidente que Estados Unidos está aumentando su influencia sobre el mercado energético mundial utilizando una combinación de poder blando y poder duro.

ESTADOS UNIDOS YA NO ES ENERGÉTICAMENTE VULNERABLE COMO ANTES

La primera gran diferencia respecto al pasado es sencilla:

Estados Unidos es hoy el mayor productor mundial de petróleo.

Durante décadas, una crisis en Medio Oriente podía colocar inmediatamente a Washington en una posición vulnerable.

Ahora la situación es diferente.

Estados Unidos todavía sufre cuando aumenta el precio internacional del crudo, pero al mismo tiempo posee una enorme producción doméstica y una industria capaz de ocupar parte del espacio que dejan productores afectados por guerras o sanciones.

Esa nueva independencia energética le proporciona una libertad geopolítica que no tenía hace treinta o cuarenta años.

VENEZUELA: PETRÓLEO Y PODER DURO

Venezuela representa posiblemente el ejemplo más directo.

Después de la caída de Nicolás Maduro en 2026, el petróleo se convirtió rápidamente en una pieza central de la nueva relación entre Washington y Caracas.

Estados Unidos ha aumentado su influencia sobre las ventas de petróleo venezolano y busca que empresas occidentales participen en la recuperación de una industria que durante años perdió producción e inversión.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

Su infraestructura necesita enormes inversiones, pero el cambio geopolítico es evidente.

Un país que durante años mantuvo estrechas relaciones con Rusia, China e Irán está ahora mucho más conectado al mercado estadounidense.

Eso no solamente aumenta el acceso de Estados Unidos al petróleo venezolano.

También reduce el espacio que Rusia y China tenían dentro del hemisferio occidental.

GUYANA: UN NUEVO GIGANTE PETROLERO EN AMÉRICA

Muy cerca aparece Guyana.

En pocos años pasó de prácticamente no producir petróleo a convertirse en uno de los productores de mayor crecimiento del mundo.

El gigantesco bloque Stabroek es desarrollado principalmente por empresas occidentales, incluyendo ExxonMobil.

Estados Unidos también ha dejado claro que considera importante la seguridad de Guyana frente a las reclamaciones territoriales venezolanas.

Aquí aparece otra combinación de intereses:

petróleo, compañías estadounidenses y protección estratégica.

Si añadimos Brasil, Canadá, Venezuela, Guyana y eventualmente Surinam, comienza a formarse un cinturón energético cada vez más importante dentro del hemisferio occidental.

Eso puede reducir gradualmente la dependencia estadounidense de regiones mucho más inestables.

RUSIA: ATACAR LOS INGRESOS QUE FINANCIAN SU PODER

El petróleo ruso representa otro frente.

Washington ha utilizado sanciones contra importantes compañías y operaciones energéticas rusas intentando reducir los ingresos disponibles para financiar la guerra en Ucrania.

Ucrania, por su parte, ha atacado repetidamente refinerías e infraestructura energética rusa utilizando drones.

La estrategia es complicada.

Occidente quiere reducir los ingresos de Moscú sin retirar tanto petróleo del mercado mundial que el precio termine disparándose.

Pero cada barril ruso que enfrenta mayores restricciones crea una oportunidad para otros productores.

Y Estados Unidos, Venezuela, Brasil y Guyana pueden ocupar parte de ese espacio.

IRAK: PETRÓLEO QUE PODRÍA ESCAPAR DE ORMUZ

Irak también comienza a tener una importancia mayor.

Gran parte de sus exportaciones depende todavía de rutas que pasan cerca del estrecho de Ormuz.

La guerra con Irán demostró nuevamente la vulnerabilidad de esa dependencia.

Bagdad estudia alternativas hacia Turquía, Siria y Jordania que permitirían transportar una mayor cantidad de petróleo hacia el Mediterráneo y el mar Rojo.

Empresas estadounidenses también buscan ampliar su participación dentro del sector energético iraquí.

Si esas nuevas rutas finalmente se desarrollan, Irán perdería parte de una de sus principales ventajas geográficas:

la capacidad de amenazar el tráfico energético del Golfo mediante el estrecho de Ormuz.

LOS ÁRABES TAMBIÉN QUIEREN DEPENDER MENOS DE ORMUZ

Arabia Saudita piensa en la misma dirección.

Su oleoducto East-West transporta petróleo desde el este del país hasta Yanbu, en el mar Rojo, evitando completamente Ormuz.

Riad estudia aumentar esa capacidad.

Emiratos Árabes Unidos también posee infraestructura que permite exportar petróleo desde Fujairah sin atravesar el estrecho y continúa ampliándola.

El mensaje es claro.

Los países árabes aliados de Estados Unidos no quieren que Irán pueda amenazar una parte sustancial de sus economías mediante el control geográfico de una sola ruta marítima.

Eso puede reducir progresivamente el valor estratégico de Ormuz para Teherán.

OPEC YA NO DOMINA COMO ANTES

OPEC continúa siendo importante.

Pero ya no posee el nivel de control que tuvo durante las décadas posteriores al embargo petrolero de 1973.

Estados Unidos es hoy el mayor productor mundial.

Brasil y Guyana continúan creciendo.

Venezuela puede recuperar producción.

Y dentro del propio Golfo existen diferencias sobre cuotas, producción y prioridades nacionales.

La salida de Emiratos Árabes Unidos de OPEC en 2026 simbolizó parte de ese cambio.

Arabia Saudita sigue siendo un actor fundamental y OPEC+ mantiene capacidad para influir sobre el mercado.

Pero el poder energético mundial es ahora mucho más disperso.

Y esa dispersión favorece a Estados Unidos.

IRÁN: LA JOYA DE LA CORONA

Aquí llegamos al punto posiblemente más importante.

El petróleo es una de las principales fuentes de ingresos del gobierno iraní.

Y durante años su principal comprador ha sido China.

Antes del conflicto, Beijing adquiría grandes cantidades de petróleo iraní con importantes descuentos debido a las sanciones internacionales.

La guerra, las sanciones y las interrupciones de exportación han reducido considerablemente esos flujos.

Eso produce dos consecuencias simultáneamente.

Irán pierde dinero.

China pierde una fuente barata de energía.

Desde una perspectiva estratégica, difícilmente podría existir una combinación más favorable para Washington.

Estados Unidos debilita económicamente a Teherán mientras aumenta indirectamente los costos energéticos de su principal competidor económico.

CHINA PUEDE SER EL OBJETIVO INDIRECTO MÁS IMPORTANTE

China necesita enormes cantidades de petróleo importado para mantener funcionando su industria.

Puede sustituir barriles iraníes comprando a otros productores.

Pero probablemente tendrá que pagar más.

Y mientras mayor sea su dependencia de proveedores y rutas donde Estados Unidos y sus aliados poseen influencia, menor será su libertad estratégica.

Aquí puede estar una de las dimensiones menos visibles de toda esta confrontación.

Washington no tiene que impedir que China consiga petróleo.

Solamente necesita conseguir que Beijing tenga menos opciones económicas y menos proveedores políticamente cercanos.

El efecto acumulativo puede ser importante.

China enfrenta una economía que crece más lentamente que durante décadas anteriores.

También enfrenta presión comercial estadounidense y el traslado de industrias estratégicas nuevamente hacia territorio americano.

Añadir costos energéticos adicionales puede limitar todavía más su crecimiento.

¿ESTAMOS VIENDO APARECER UN NUEVO SISTEMA ENERGÉTICO?

Todavía sería demasiado temprano para hablar de una organización destinada a sustituir a OPEC.

Pero sí podemos imaginar una arquitectura diferente.

Estados Unidos como principal productor.

Canadá, Brasil, Guyana y Venezuela aumentando la importancia energética de las Américas.

Arabia Saudita manteniendo su posición como gran aliado petrolero.

Emiratos operando con mayor independencia.

Irak desarrollando rutas alternativas.

Y nuevas redes de puertos, oleoductos, refinerías y acuerdos de seguridad reduciendo la dependencia de Ormuz.

No necesitaría existir una nueva organización con nombre y sede.

Podría surgir simplemente una alianza energética de facto entre Estados Unidos y productores estratégicamente cercanos.

CONCLUSIÓN: UNA GUERRA HÍBRIDA POR EL PODER ENERGÉTICO

Al observar todos estos acontecimientos conjuntamente, comienza a aparecer una estrategia mucho más amplia.

Estados Unidos no necesita controlar físicamente todo el petróleo del mundo.

Le basta con aumentar su influencia sobre las fuentes, las rutas, las compañías, los mercados y los compradores.

De esa manera puede conseguir varios objetivos simultáneamente.

Debilitar económicamente a Irán.

Aumentar los costos energéticos de China.

Reducir los ingresos que financian el poder ruso.

Limitar la influencia de Moscú y Beijing dentro de América.

Fortalecer nuevos productores aliados.

Reducir la dependencia del estrecho de Ormuz.

Y disminuir gradualmente la capacidad de OPEC para determinar por sí sola el rumbo del mercado petrolero mundial.

Eso no significa que cada uno de estos acontecimientos haya sido diseñado como parte de un único plan.

Pero los resultados estratégicos comienzan a coincidir.

Desde mi punto de vista, esa puede ser la verdadera jugada estadounidense.

Washington está utilizando poder militar donde lo considera necesario.

Sanciones donde resultan más efectivas.

Empresas privadas para desarrollar nuevas fuentes.

Diplomacia para fortalecer aliados.

Y nuevas rutas de transporte para reducir la capacidad de sus adversarios de utilizar el petróleo como arma.

El resultado indirecto puede terminar siendo incluso más importante que el control del propio petróleo.

Estados Unidos puede estar utilizando el nuevo mapa energético para obstaculizar el crecimiento económico de China y limitar simultáneamente la capacidad de Rusia de proyectar poder, especialmente en el hemisferio occidental.

Y si OPEC continúa debilitándose, tampoco sería imposible imaginar en el futuro una nueva estructura de cooperación entre Estados Unidos, Arabia Saudita y otros productores árabes y americanos aliados.

Quizás no una nueva OPEC.

Quizás algo mucho más flexible.

Pero existe también un riesgo.

OPEC, con todos sus problemas, ha funcionado durante décadas como un mecanismo capaz de ajustar producción y ayudar a estabilizar el mercado.

Un sistema energético cada vez más determinado por guerras, sanciones y rivalidades entre grandes potencias también podría convertirse en un sistema mucho más volátil.

Por eso todavía es demasiado pronto para saber si esta transformación producirá mayor estabilidad o simplemente un nuevo equilibrio de poder.

Lo que sí parece claro es que el petróleo continúa siendo una de las principales armas de la geopolítica mundial.

La guerra energética del siglo XXI probablemente no consistirá solamente en conquistar pozos.

Consistirá en controlar quién puede vender, quién puede comprar y por dónde puede pasar el petróleo.

Y actualmente, Estados Unidos parece estar intentando colocarse en el centro de esa ecuación.