Puerto Rico y la estadidad: 7 mitos que alimentan el balón político de Washington

Ilustración editorial de Elon Musk en un Tesla futurista volando sobre Puerto Rico, representando el debate político y geopolítico sobre la estadidad.
Las promesas demócratas, el temor republicano, el desconocimiento del electorado puertorriqueño y los intereses geopolíticos que mantienen a Puerto Rico atrapado en el debate político estadounidense.

Introducción: Puerto Rico, una ficha en el ajedrez político estadounidense

La estadidad de Puerto Rico se ha convertido en uno de los grandes mitos de la política nacional estadounidense. Durante décadas, dirigentes del Partido Demócrata han hablado de igualdad, representación y derechos civiles, mientras numerosos republicanos consideran que admitir a Puerto Rico podría alterar el equilibrio de poder en Washington.

Pero cuando analizamos el historial legislativo, las acciones de ambos partidos y la realidad política puertorriqueña, encontramos un panorama muy distinto al que frecuentemente se presenta.

Las declaraciones de Elon Musk del 30 de octubre de 2026 constituyen un ejemplo reciente.

El empresario advirtió que, si los demócratas recuperan la presidencia y el control de ambas cámaras del Congreso en 2028, podrían admitir a Puerto Rico y Washington D. C. como estados para consolidar una mayoría en el Senado federal.

Su planteamiento parte de dos suposiciones que considero profundamente cuestionables: que el Partido Demócrata realmente convertiría la estadidad en una prioridad y que Puerto Rico sería automáticamente un estado demócrata.

Pero Puerto Rico no es Nueva York, no es Florida y mucho menos Washington D. C.

Nuestra identidad política, nuestras tradiciones culturales y nuestra historia electoral son diferentes.

Para comprender por qué Puerto Rico continúa siendo utilizado como un balón político en Washington, examinemos siete mitos que dominan esta discusión.

Mito #1: El Partido Demócrata está verdaderamente comprometido con conceder la estadidad a Puerto Rico

Comencemos por los hechos.

Entre Barack Obama y Joe Biden, el Partido Demócrata ocupó la Casa Blanca durante 12 años: ocho bajo Obama, entre 2009 y 2017, y cuatro bajo Biden, entre 2021 y 2025.

Ambos presidentes tuvieron períodos durante los cuales los demócratas controlaron simultáneamente la Cámara de Representantes y el Senado.

A pesar de esas oportunidades, Puerto Rico nunca fue admitido como estado.

Es cierto que hubo iniciativas legislativas, declaraciones de apoyo y propuestas para consultar nuevamente al electorado puertorriqueño.

Pero el resultado definitivo fue el mismo.

Los demócratas pueden señalar que, en diciembre de 2022, la Cámara de Representantes aprobó el Puerto Rico Status Act, H.R. 8393, con 233 votos a favor y 191 en contra.

También pueden señalar que la administración Biden respaldó la iniciativa.

Sin embargo, aquello no produjo la estadidad.

Más aún, la medida no proponía la admisión inmediata. Establecía un proceso para escoger entre estadidad, independencia y soberanía en libre asociación.

Y hay otro detalle importante: la comisionada residente republicana Jenniffer González-Colón fue una de las promotoras originales del proyecto bipartidista, junto con legisladores demócratas.

Esto demuestra que el respaldo legislativo no ha sido exclusivamente demócrata.

Los defensores de Biden pueden argumentar que la oposición republicana y los procedimientos del Senado impidieron que aquella legislación avanzara. Es una explicación parlamentaria válida.

Pero también demuestra que el Partido Demócrata no consiguió convertir sus declaraciones en un resultado definitivo.

Desde mi perspectiva, 12 años de presidencias demócratas sin una ley de admisión justifican cuestionar cuánto del respaldo anunciado ha representado una verdadera prioridad nacional y cuánto ha permanecido en el terreno del discurso político.

Mito #2: Presentar proyectos de estadidad significa que Washington está avanzando hacia ella

La historia de Puerto Rico está llena de iniciativas congresionales que generan titulares y expectativas, pero nunca se convierten en leyes.

En 1976, el presidente republicano Gerald Ford favoreció públicamente la estadidad. La propuesta legislativa posterior no prosperó.

En 1990, la Cámara federal aprobó legislación sobre el estatus político de Puerto Rico. No se convirtió en ley.

En 1998 volvió a ocurrir.

En 2010, durante la administración Obama, la Cámara aprobó el Puerto Rico Democracy Act, H.R. 2499, por 223 votos contra 169. Tampoco se convirtió en ley.

En diciembre de 2022, durante Biden, la Cámara aprobó el Puerto Rico Status Act. Nuevamente, el proceso quedó inconcluso.

Aunque las propuestas no eran idénticas y algunas establecían procedimientos de consulta en lugar de admisión directa, todas terminaron sin resolver la condición territorial.

Mientras tanto, Puerto Rico continuó expresándose mediante plebiscitos.

En 2017, la estadidad obtuvo aproximadamente el 97.2 % de los votos emitidos, aunque aquella consulta tuvo una participación de alrededor del 23 % del electorado registrado y estuvo marcada por un boicot de sectores opositores.

En 2020, el 52.52 % de los votantes favoreció la estadidad ante una pregunta directa.

En 2024, la estadidad obtuvo el 58.61 % de los votos válidos emitidos entre las tres alternativas de estatus presentadas.

Las consultas han tenido formatos diferentes y sus resultados han generado controversias, pero representan expresiones electorales concretas.

Sin embargo, ninguna ha producido una ley de admisión.

Aquí encontramos el problema central.

Una iniciativa congresional no es sinónimo de estadidad. Una resolución tampoco. Y una declaración de apoyo presidencial no admite nuevos estados.

Los proyectos pueden representar avances legislativos reales, pero cuando transcurren décadas sin resultados definitivos, es legítimo cuestionar si el respaldo se ha convertido en un ejercicio político recurrente.

Mi conclusión editorial es que Washington ha demostrado mucha mayor facilidad para hablar del futuro de Puerto Rico que para tomar decisiones sobre él.

Mito #3: Todo el Partido Demócrata favorece la estadidad de Puerto Rico

Existe una contradicción dentro del propio Partido Demócrata que rara vez recibe suficiente atención.

Su plataforma nacional de 2024 respaldó expresamente la estadidad de Washington D. C., pero para Puerto Rico promovió un proceso destinado a resolver el estatus entre distintas alternativas.

No es la misma posición.

Y las diferencias se hacen todavía más evidentes cuando examinamos a sectores de la izquierda progresista y del socialismo democrático estadounidense.

En junio de 2026, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, expresó que a Puerto Rico se le había negado la independencia durante demasiado tiempo.

Por su parte, Alexandria Ocasio-Cortez y Nydia Velázquez respaldaron públicamente en octubre de 2024 la candidatura de Juan Dalmau a la gobernación.

Dalmau pertenecía al Partido Independentista Puertorriqueño y encabezaba la Alianza de País con el Movimiento Victoria Ciudadana.

Respaldar a un candidato independentista no demuestra necesariamente que las congresistas favorezcan la independencia como única alternativa. Ocasio-Cortez ha defendido públicamente procesos de autodeterminación que permiten distintas opciones.

Pero el hecho político es revelador.

Mientras dirigentes demócratas hablan de admitir a Puerto Rico como estado, figuras de su izquierda respaldan liderazgos independentistas o utilizan expresamente el lenguaje de la independencia.

¿Cómo se puede presentar al Partido Demócrata como una organización uniformemente comprometida con la estadidad cuando sus propios dirigentes mantienen posiciones tan distintas sobre el futuro político de Puerto Rico?

La diversidad ideológica es legítima, pero demuestra que el compromiso demócrata con la estadidad no es tan uniforme como suele insinuarse.

Y cuando Washington utiliza el asunto como bandera política durante las campañas, esas diferencias no deberían desaparecer del análisis.

Mito #4: Puerto Rico sería automáticamente un bastión demócrata

Este es uno de los principales errores que considero presentes en las declaraciones de Elon Musk.

Puerto Rico posee una estructura política distinta de la estadounidense.

Nuestros partidos tradicionales se desarrollaron principalmente alrededor de la relación política entre Puerto Rico y Estados Unidos, no exclusivamente de las diferencias entre conservadores y liberales.

El Partido Nuevo Progresista representa el mejor ejemplo.

El PNP agrupa republicanos y demócratas bajo un objetivo común: la estadidad.

Y existe un dato electoral que debe recibir mucha más atención en Washington.

El PNP ganó las últimas tres elecciones generales para la gobernación de Puerto Rico: 2016, 2020 y 2024.

En 2016 ganó Ricardo Rosselló.

En 2020 ganó Pedro Pierluisi.

En 2024 ganó Jenniffer González-Colón.

Esta última victoria representó la tercera elección consecutiva ganada por el PNP para la gobernación, un acontecimiento sin precedentes en la historia de ese partido.

Pero hay algo todavía más interesante.

Pedro Pierluisi está afiliado al Partido Demócrata nacional.

Jenniffer González-Colón pertenece al Partido Republicano.

Ambos forman parte del mismo partido estadista.

En las primarias del PNP de junio de 2024, González derrotó a Pierluisi.

Es decir, una republicana derrotó a un demócrata dentro del principal partido estadista de Puerto Rico.

Esto no demuestra que todos los electores del PNP sean republicanos. Tampoco demuestra que una elección federal favorecería a ese partido.

Pero sí demuestra que la organización política de Puerto Rico no puede interpretarse utilizando exclusivamente las categorías partidistas de Washington.

Nuestra sociedad mantiene profundas raíces cristianas y corrientes conservadoras, junto con sectores liberales, progresistas e independentistas.

Esas características no permiten deducir automáticamente el voto de cada ciudadano, pero tampoco justifican clasificar a toda la isla como demócrata.

Ser estadista en Puerto Rico no significa ser demócrata. Significa favorecer la integración permanente de Puerto Rico a Estados Unidos como estado.

Por eso considero que afirmar que Puerto Rico sería inevitablemente un bastión demócrata representa una simplificación de nuestra identidad política.

Mito #5: La victoria de Kamala Harris en 2024 demuestra que Puerto Rico tiene una mayoría demócrata permanente

Este mito merece especial atención porque utiliza un resultado electoral real para llegar a una conclusión que el propio resultado no permite establecer.

El 5 de noviembre de 2024, Puerto Rico celebró una consulta presidencial simbólica en la que participaron Kamala Harris y Donald Trump.

Los resultados certificados fueron los siguientes:

  • Kamala Harris: 807,074 votos, equivalentes al 73.28 % de los votos adjudicados a ambos candidatos.
  • Donald Trump: 294,213 votos, equivalentes al 26.72 %.

Harris obtuvo una victoria amplia entre los votos adjudicados a ambos candidatos.

Pero aquello no fue una elección presidencial federal con efectos reales.

Puerto Rico no obtuvo votos en el Colegio Electoral ni participó en la selección constitucional del presidente.

Fue una consulta simbólica.

Y aquí debemos analizar el contexto.

La controversia de Madison Square Garden y el papel de la prensa

El 27 de octubre de 2024, durante un evento de campaña de Trump en el Madison Square Garden, el comediante Tony Hinchcliffe realizó comentarios ofensivos sobre Puerto Rico.

La controversia recibió amplia cobertura en los medios nacionales y locales, provocando indignación entre numerosos puertorriqueños.

La campaña de Trump se distanció de aquellas expresiones.

Sin embargo, el asunto dominó parte importante de la discusión política durante los últimos días antes de las elecciones.

En mi opinión, la cobertura de la prensa nacional y local desempeñó un papel significativo en la construcción de la percepción pública de ambos candidatos.

El problema no es informar sobre expresiones ofensivas, sino cuando una controversia termina convirtiéndose en el marco principal para interpretar toda una elección.

También considero que parte de la cobertura política estadounidense tiende a presentar a los puertorriqueños como un grupo electoral esencialmente demócrata, sin reconocer nuestras diferencias internas.

Eso puede contribuir a una visión incompleta de la realidad puertorriqueña. Demostrar desinformación deliberada o determinar cuánto cambió el voto por esa cobertura requeriría evidencia adicional.

Mi crítica editorial es que la exposición de una controversia no debe confundirse con un análisis completo de las preferencias políticas de Puerto Rico.

La escasa visibilidad de la campaña republicana

También debemos preguntarnos qué esfuerzo político desarrollaron los republicanos locales y nacionales para promover la candidatura de Trump en la isla.

Los republicanos puertorriqueños anunciaron que realizarían actividades a su favor, pero identificaron el plebiscito de estatus como una prioridad mayor.

La consulta simbólica tampoco ofrecía los incentivos electorales de una campaña presidencial federal competitiva.

Por tanto, no estamos comparando necesariamente dos esfuerzos políticos equivalentes.

Y hay una contradicción electoral todavía más importante.

El mismo día en que Harris ganaba ampliamente la consulta simbólica, Jenniffer González-Colón, republicana en la política nacional, ganaba la gobernación por el PNP.

Además, la estadidad obtenía el 58.61 % de los votos válidos del plebiscito.

Son tres resultados diferentes de un mismo proceso electoral.

Mi planteamiento es sencillo: no podemos utilizar exclusivamente la consulta de Harris para declarar que Puerto Rico sería un estado demócrata, mientras ignoramos las otras expresiones electorales de ese mismo día.

La consulta de 2024 demuestra que Harris obtuvo una mayoría entre los participantes que votaron por uno de los dos candidatos presidenciales.

No demuestra que Puerto Rico posea una afiliación demócrata permanente ni permite anticipar automáticamente cómo votaría bajo la estadidad.

Mito #6: Los puertorriqueños de Nueva York, Florida y la isla tienen el mismo comportamiento electoral

Otro error frecuente es interpretar a todos los puertorriqueños como un solo bloque político.

Compartimos historia, cultura y raíces familiares, pero nuestras experiencias electorales pueden ser muy distintas.

Nueva York: una tradición demócrata desarrollada durante generaciones

La comunidad puertorriqueña de Nueva York tiene una larga trayectoria vinculada a los movimientos sindicales, las luchas por los derechos civiles, las organizaciones comunitarias y la política urbana.

Durante generaciones, buena parte de esa comunidad desarrolló relaciones políticas con el Partido Demócrata.

Muchos puertorriqueños nacidos en Nueva York pertenecen a segundas o terceras generaciones, con experiencias culturales y políticas diferentes de las de sus familiares en Puerto Rico.

Su tradición electoral no puede trasladarse automáticamente a la isla.

Florida: una comunidad con otra historia migratoria

Florida presenta una realidad distinta.

Durante las últimas décadas, especialmente después del huracán María en septiembre de 2017, numerosas familias puertorriqueñas se establecieron en el centro de Florida.

Pero también existe una comunidad puertorriqueña que llegó mucho antes del huracán y generaciones nacidas en ese estado.

Sus experiencias económicas, familiares y políticas son diversas.

En 2024, el American Electorate Voter Poll estimó que el 57 % de los votantes puertorriqueños de Florida favoreció a Kamala Harris y el 42 % a Donald Trump.

Es una distribución considerablemente diferente de la consulta presidencial simbólica celebrada en Puerto Rico.

Incluso dentro de la diáspora existen diferencias políticas relevantes.

Puerto Rico: una identidad electoral propia

En la isla, las preferencias políticas están históricamente relacionadas con el estatus, aunque también influyen la economía, la administración pública y los asuntos sociales.

Nuestra sociedad posee tradiciones cristianas y corrientes conservadoras importantes, pero también sectores progresistas y liberales.

El voto por un partido local no equivale automáticamente al voto por un partido nacional.

El puertorriqueño de Nueva York no representa electoralmente al de Florida, y ninguno de ellos determina cómo votaría el residente de Puerto Rico en una elección presidencial federal real.

Utilizar el comportamiento de la diáspora para proyectar resultados electorales de un posible estado número 51 constituye una extrapolación que no puede darse por demostrada.

Mito #7: Puerto Rico y Washington D. C. serían dos estados demócratas políticamente equivalentes

Este es el mito que conecta directamente con la advertencia de Elon Musk.

Washington D. C. y Puerto Rico no tienen la misma realidad electoral.

Washington posee un historial de votación presidencial abrumadoramente favorable al Partido Demócrata.

Puerto Rico, por el contrario, nunca ha celebrado una elección presidencial federal vinculante con participación en el Colegio Electoral.

Tampoco tiene una estructura partidista equivalente a la de Washington D. C.

Las propias plataformas nacionales demócratas reflejan diferencias.

En 2024, el Partido Demócrata respaldó explícitamente la estadidad de Washington D. C., mientras para Puerto Rico promovió legislación destinada a escoger entre varias alternativas de estatus.

Y no debemos olvidar que la admisión de cada estado requiere un proceso legislativo federal.

Para que la preocupación de Musk se materialice, tendrían que producirse decisiones del Congreso, superarse las barreras parlamentarias y aprobarse las correspondientes medidas de admisión.

La Constitución otorga al Congreso la facultad de admitir nuevos estados.

Ningún partido puede hacerlo únicamente mediante un discurso electoral.

Además, aunque cada nuevo estado tendría dos senadores, nadie puede asegurar que los senadores electos por Puerto Rico representarían permanentemente a uno u otro partido.

Washington D. C. posee un historial partidista federal. Puerto Rico no. Equiparar sus futuros electorales es confundir dos realidades políticas diferentes.

Esa distinción debería ser indispensable en cualquier debate serio sobre la admisión de nuevos estados.

La dimensión geopolítica: Puerto Rico es mucho más que dos senadores

Hasta aquí hemos examinado siete mitos relacionados con la estadidad.

Pero el asunto tiene una dimensión mucho más importante para Estados Unidos.

Puerto Rico no es simplemente una isla cuyos ciudadanos podrían elegir dos senadores adicionales.

Su localización geográfica tiene un valor estratégico que Washington reconoce desde hace más de un siglo.

Desde 1898, Puerto Rico ha formado parte de la proyección territorial estadounidense en el Caribe.

Situado entre el Atlántico y el mar Caribe, ocupa una posición importante para la seguridad marítima, el comercio regional y la presencia estadounidense en el Caribe oriental.

Durante décadas, instalaciones militares como Roosevelt Roads y Vieques desempeñaron funciones relevantes dentro de la estrategia naval estadounidense.

Aunque aquellas instalaciones cerraron, la importancia geográfica de Puerto Rico no desapareció.

Actualmente, el Sector San Juan de la Guardia Costera estadounidense coordina operaciones de seguridad marítima, rescate, vigilancia portuaria y lucha contra actividades ilegales en una extensa región del Caribe oriental.

En un escenario internacional marcado por la competencia estratégica entre Estados Unidos, China y Rusia, el Caribe continúa siendo una región de interés para la seguridad estadounidense.

Las rutas marítimas, el canal de Panamá, la influencia económica china en América Latina y el control de infraestructuras críticas forman parte de ese contexto geopolítico.

Esto no significa que la estadidad sea necesaria para mantener la presencia estratégica estadounidense en Puerto Rico.

Pero sí significa que la discusión sobre nuestro futuro político merece algo más que especulaciones sobre quién ganaría dos escaños en el Senado.

Estados Unidos reconoce el valor estratégico de Puerto Rico desde hace más de un siglo, pero sus ciudadanos residentes continúan sin representación política federal plena.

Ahí encontramos una contradicción entre la importancia territorial de la isla y el poder político de sus habitantes.

Puerto Rico forma parte del espacio estratégico estadounidense, pero no participa en igualdad de condiciones en las instituciones federales que toman decisiones sobre su futuro.

Desde una perspectiva geopolítica, ese contraste debería ocupar un lugar central en cualquier discusión sobre la estadidad.

La responsabilidad de ambos partidos nacionales

El Partido Demócrata ha utilizado durante décadas el discurso de igualdad y representación para expresar cercanía con Puerto Rico.

Sin embargo, los años de las administraciones Obama y Biden no culminaron en su admisión como estado.

Y dentro del propio partido encontramos diferencias importantes sobre el futuro político de la isla.

Pero los republicanos tampoco pueden quedar exentos de responsabilidad.

Durante décadas, sectores republicanos han interpretado la estadidad como una posible ventaja electoral para sus adversarios.

Esa percepción contribuye a explicar parte de la oposición que han expresado hacia proyectos relacionados con el estatus.

Sin embargo, dentro del propio movimiento estadista puertorriqueño existen dirigentes republicanos.

La gobernadora Jenniffer González-Colón constituye el ejemplo más visible.

Si Puerto Rico posee corrientes conservadoras y una organización estadista que reúne a republicanos y demócratas, ¿por qué tantos dirigentes republicanos nacionales continúan tratando a la isla como un territorio electoralmente perdido?

¿Por qué asumir que millones de ciudadanos estadounidenses favorecerían inevitablemente al Partido Demócrata?

Considero que la falta de un acercamiento político sostenido por parte del republicanismo nacional ha contribuido a que los demócratas ocupen gran parte del espacio mediático relacionado con Puerto Rico.

Y así se mantiene el mismo círculo.

Los demócratas hablan de igualdad, los republicanos expresan preocupación por el balance del poder y Puerto Rico continúa esperando.

El debate debería concentrarse menos en el beneficio electoral inmediato de cada partido y más en las consecuencias constitucionales, económicas, democráticas y estratégicas de resolver el estatus.

Conclusión: el verdadero mito político de la estadidad

Las declaraciones de Elon Musk representan mucho más que una advertencia electoral.

Reflejan la manera en que sectores influyentes de Washington interpretan el futuro político de Puerto Rico a partir de sus propios cálculos partidistas.

Pero nuestra realidad es mucho más compleja.

El PNP ha ganado las últimas tres elecciones generales para la gobernación.

Dentro de ese mismo partido conviven republicanos y demócratas.

La estadidad ha prevalecido en los plebiscitos de 2020 y 2024.

La victoria simbólica de Kamala Harris en 2024 no demuestra una afiliación demócrata permanente del electorado puertorriqueño.

Tampoco puede utilizarse el comportamiento electoral de los puertorriqueños de Nueva York o Florida para definir automáticamente a quienes viven en la isla.

Y las diferencias dentro del Partido Demócrata demuestran que su compromiso con la estadidad no es una posición uniforme de todos sus sectores.

Por otro lado, la historia legislativa revela un patrón persistente de proyectos, declaraciones y promesas que no han culminado en la admisión de Puerto Rico.

Desde Gerald Ford hasta Barack Obama y Joe Biden, el asunto ha reaparecido constantemente sin producir una resolución definitiva.

La responsabilidad también alcanza a los republicanos, que deben distinguir entre la realidad política puertorriqueña y las presunciones sobre sus posibles consecuencias electorales.

Y, sobre todo, Washington debe reconocer que Puerto Rico posee una importancia geopolítica que trasciende la competencia partidista.

Nuestra relación con Estados Unidos no comenzó con la campaña presidencial de 2024 ni con las declaraciones de Elon Musk.

Tiene más de un siglo de historia, intereses estratégicos, relaciones económicas y debates constitucionales.

Puerto Rico no debe ser tratado como un premio para los demócratas ni como una derrota para los republicanos.

El futuro de más de tres millones de ciudadanos estadounidenses no debería reducirse a una discusión sobre qué partido controlaría el Senado.

Porque mientras Washington continúe utilizando la estadidad como instrumento de presión política, el problema permanecerá sin una solución definitiva.

Mi conclusión es que los siete mitos examinados revelan una realidad común: una enorme distancia entre la forma en que Washington habla de Puerto Rico y las decisiones que realmente toma.

El verdadero mito no es que Puerto Rico pueda convertirse en el estado número 51. El verdadero mito es el compromiso político que los partidos nacionales dicen tener con su futuro.

Los discursos no admiten estados.

Las plataformas electorales tampoco.

Los titulares de prensa mucho menos.

La estadidad se convierte en realidad mediante decisiones legislativas. Y esas decisiones definitivas son precisamente las que Washington continúa sin tomar.

Desde Mi Escritorio — Geopolítica, Historia y Opinión

Fuentes consultadas

  1. Publicación de Elon Musk en X, 30 de octubre de 2026
  2. Congreso de Estados Unidos: H.R. 8393, Puerto Rico Status Act de 2022
  3. Cámara de Representantes: votación oficial H.R. 8393, 15 de diciembre de 2022
  4. Cámara de Representantes: votación oficial H.R. 2499, 29 de abril de 2010
  5. Congressional Research Service: Political Status of Puerto Rico
  6. Comisión Estatal de Elecciones: certificación del plebiscito de 2024
  7. Plataforma nacional del Partido Demócrata de 2024
  8. Zohran Mamdani y sus declaraciones sobre Puerto Rico, junio de 2026
  9. Respaldo de Ocasio-Cortez y Velázquez a candidaturas de la Alianza de País, 2024
  10. American Electorate Voter Poll: resultados de los electores puertorriqueños de 2024
  11. Republicanos de Puerto Rico y la consulta presidencial simbólica de 2024
  12. Guardia Costera de Estados Unidos: Sector San Juan y el Caribe oriental