Guerra contra Irán: la nueva fase de desgaste y estrangulamiento económico
Contenido del artículo
- Vencer a Irán sin invadirlo
- El estrangulamiento económico
- Irán conserva capacidad, pero ya no es el mismo
- El estrecho de Ormuz
- Un problema regional
- China y sus propios intereses
- Las amenazas contra estadounidenses
- La presión dentro de Irán
- Estados Unidos también paga un precio
- La apuesta por noviembre
- ¿Quién cederá primero?
La guerra contra Irán ha entrado en una etapa diferente.
Ya no se trata únicamente de intercambiar misiles, destruir instalaciones militares o demostrar quién posee mayor capacidad de fuego. Ahora comienza una guerra de resistencia en la que cada parte intenta desgastar a la otra.
Estados Unidos busca debilitar a Irán sin ocupar militarmente el país. Teherán intenta conservar suficiente capacidad para prolongar el conflicto, aumentar su costo y esperar que la política estadounidense altere el rumbo de la guerra.
La pregunta central ya no es quién puede ganar una gran batalla. La pregunta es: ¿quién puede resistir durante más tiempo?
VENCER A IRÁN SIN INVADIRLO
Una invasión terrestre de Irán sería una operación extremadamente costosa. El país tiene una población numerosa, un territorio extenso, una geografía difícil y fuerzas preparadas para combatir de manera asimétrica. Una ocupación exigiría enormes recursos, años de operaciones y un gasto difícil de sostener políticamente.
Por eso, la estrategia estadounidense parece concentrarse en reducir gradualmente la capacidad del régimen mediante ataques contra instalaciones estratégicas, restricciones a las exportaciones, sanciones financieras, presión sobre sus socios comerciales, intercepción de embarcaciones y desgaste de las fuerzas vinculadas con Teherán.
El objetivo no necesariamente sería conquistar Irán, sino colocarlo ante una elección: negociar desde una posición de debilidad o continuar resistiendo mientras pierde capacidad para sostener el conflicto.
La revocación en Turquía de la licencia del banco iraní Mellat, unida a otras restricciones sobre entidades relacionadas con Teherán, demuestra que la presión intenta extenderse más allá del campo militar.
EL ESTRANGULAMIENTO ECONÓMICO
Irán comenzó esta guerra con una economía debilitada por años de sanciones, inflación, restricciones comerciales y dificultades para acceder al sistema financiero internacional. La prolongación del conflicto agrava esos problemas.
Un país puede reemplazar un misil o reconstruir parcialmente una instalación. Es mucho más difícil reemplazar continuamente ingresos perdidos, mantener las cadenas de suministro, sostener subsidios y evitar que el deterioro económico llegue a los hogares.
Estados Unidos apuesta precisamente a esa vulnerabilidad. La presión sobre bancos, aerolíneas, embarcaciones y exportaciones busca reducir los ingresos del gobierno iraní. Cada ataque también obliga a Teherán a dedicar recursos a reparar instalaciones, reponer armamento y mantener sus defensas.
La guerra económica no siempre produce las imágenes dramáticas de un bombardeo, pero puede causar daños más profundos y duraderos.
IRÁN CONSERVA CAPACIDAD, PERO YA NO ES EL MISMO
Sería incorrecto afirmar que Irán perdió toda capacidad de respuesta. Todavía puede emplear misiles, drones, fuerzas navales, ataques cibernéticos y aliados regionales. También puede amenazar las rutas marítimas y aumentar el riesgo en el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, conservar capacidad para causar daño no significa poseer capacidad para ganar la guerra. Sus operaciones parecen orientadas cada vez más a elevar el precio que deben pagar Estados Unidos y sus aliados, mantener la moral interna y conservar herramientas para una eventual negociación.
Irán ya no parece luchar por una victoria militar tradicional. Lucha para evitar una derrota política, preservar el régimen y negociar sin haber quedado completamente incapacitado.
EL ESTRECHO DE ORMUZ COMO ÚLTIMA GRAN PALANCA
El estrecho de Ormuz continúa siendo una de las principales herramientas de presión de Irán. Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas transportado mundialmente pasaba por esa zona. Una interrupción prolongada afecta la energía, las rutas comerciales, los seguros marítimos y la inflación internacional.
Datos recientes muestran un tráfico muy inferior a su promedio. Irán comprende que no necesita derrotar a la Marina estadounidense para provocar consecuencias económicas. Le basta con mantener suficiente incertidumbre para que navieras, aseguradoras y mercados incorporen el riesgo.
Pero esa estrategia también perjudica a Irán y a sus vecinos. Cada incidente acelera los proyectos para construir rutas que reduzcan la dependencia mundial del estrecho. Irán puede utilizar Ormuz como arma, pero mientras más lo hace, más incentiva al mundo a buscar una manera de evitarlo.
DE SOCIO INCÓMODO A PROBLEMA REGIONAL
Durante décadas, Irán fue un vecino difícil para las monarquías árabes, pero también un actor con el que era necesario negociar. Ese equilibrio está cambiando.
Los ataques contra rutas marítimas e infraestructura regional han llevado a varios gobiernos árabes a considerar a Irán no solamente como rival, sino como una amenaza directa contra su seguridad y desarrollo económico.
Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Bahréin y Omán necesitan estabilidad para atraer inversiones y diversificar sus economías. Una guerra prolongada amenaza esos planes.
Irán corre el riesgo de convertirse en un enemigo íntimo: un país cercano geográficamente y conectado con la historia regional, pero percibido cada vez más como un obstáculo para la estabilidad. Esto no significa que todos sus vecinos apoyen cada acción estadounidense; significa que el espacio diplomático de Teherán se reduce.
CHINA NO ABANDONA A IRÁN, PERO DEFIENDE SUS PROPIOS INTERESES
China continúa considerando a Teherán un socio energético y estratégico. Pero también necesita estabilidad comercial, libre navegación y relaciones funcionales con Arabia Saudita y los demás países del Golfo.
Pekín puede oponerse a la estrategia estadounidense y, simultáneamente, presionar a Irán para que controle a los grupos cuyas acciones afectan el transporte marítimo y los intereses chinos.
Esto demuestra una realidad incómoda para Teherán: tener socios no significa tener aliados dispuestos a asumir todos los costos de su guerra. China ayudará cuando esa ayuda beneficie sus propios intereses, no necesariamente cuando implique arriesgar su comercio regional o enfrentarse directamente con Estados Unidos.
LAS AMENAZAS CONTRA ESTADOUNIDENSES
Durante el conflicto han circulado amenazas contra ciudadanos y figuras estadounidenses, incluida una grabación difundida por medios estatales iraníes en la que se afirmó que Barron Trump estaba siendo vigilado. El Servicio Secreto confirmó que conocía el material, pero evitó divulgar detalles operacionales.
Estas amenazas deben tomarse seriamente, pero también describirse con precisión. La información pública permite hablar de una amenaza propagandística y de vigilancia; no permite afirmar como hecho comprobado que exista un plan operativo para secuestrarlo.
Políticamente, estos mensajes pueden interpretarse como señal de desesperación. Un régimen que al comienzo prometía expulsar a Estados Unidos de la región intenta ahora demostrar alcance amenazando familiares, ciudadanos y objetivos vulnerables.
Pero sería peligroso subestimarlo. Un Irán debilitado puede recurrir con mayor frecuencia a operaciones encubiertas, ciberataques, grupos intermediarios o acciones difíciles de atribuir. El desgaste puede reducir su capacidad convencional mientras aumenta su disposición a correr riesgos.
LA PRESIÓN DENTRO DE IRÁN
El régimen también libra una batalla interna. Tiene que contener el descontento económico, mantener la lealtad de las fuerzas de seguridad, administrar las pugnas de poder y convencer a la población de que sus sacrificios tienen un propósito.
Las movilizaciones organizadas por el gobierno muestran que todavía conserva capacidad para convocar seguidores y convertir la presión externa en nacionalismo. Esto obliga a evitar predicciones fáciles sobre una caída inmediata del régimen.
La verdadera prueba llegará si continúan aumentando la inflación, el desempleo, la escasez y la destrucción. La resistencia nacionalista tiene límites cuando la guerra transforma permanentemente la vida cotidiana.
ESTADOS UNIDOS TAMBIÉN PAGA UN PRECIO
Estados Unidos posee una economía y unas fuerzas militares muy superiores, pero no participa gratuitamente en esta guerra.
Según una estimación militar citada por Associated Press, el costo acumulado alcanzó aproximadamente 43,600 millones de dólares hasta comienzos de septiembre. La continuación de las hostilidades podría costar cerca de 3,000 millones mensuales.
El conflicto también ha provocado bajas y un consumo elevado de interceptores Patriot, THAAD y otras municiones difíciles de reemplazar rápidamente.
Irán enfrenta una posible crisis existencial. Estados Unidos enfrenta el aumento del gasto, la reducción de inventarios militares, los efectos de la energía cara y el cansancio de una población que podría preguntarse cuál es el objetivo final. Trump necesita demostrar resultados antes de que el conflicto se convierta en una guerra indefinida.
LA APUESTA POR LAS ELECCIONES DE NOVIEMBRE
Una posible estrategia iraní sería resistir hasta las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026, calculando que una derrota republicana aumentaría la presión sobre Donald Trump y fortalecería los intentos de limitar el financiamiento o la duración de la guerra.
Pero sería una apuesta extremadamente arriesgada.
Si los demócratas conquistaran la Cámara o el Senado, podrían celebrar audiencias, abrir investigaciones, condicionar presupuestos y promover resoluciones sobre poderes de guerra. No podrían, sin embargo, terminar unilateralmente el conflicto.
Una ley tendría que ser aprobada por ambas cámaras. Si Trump la vetara, se necesitaría una mayoría de dos tercios en la Cámara y en el Senado para revocar ese veto. Las elecciones se proyectan competitivas, pero no se anticipa una mayoría de esa magnitud contra la política presidencial.
Además, el nuevo Congreso no comenzaría sus funciones hasta el 3 de enero de 2027. Irán no tendría que resistir solamente hasta noviembre, sino llegar hasta enero y soportar posiblemente meses adicionales de negociaciones y disputas presupuestarias.
LOS DEMÓCRATAS TAMPOCO GARANTIZAN EL FINAL
Los demócratas pueden beneficiarse políticamente del costo de la guerra y del desgaste republicano. Sin embargo, sus divisiones internas dificultan que se presenten como una alternativa nacional unificada. También existen posiciones diferentes dentro del partido sobre Irán, Israel y el uso de la fuerza.
Por eso, una victoria demócrata podría aumentar la supervisión y complicar el financiamiento, pero no garantizaría un cambio inmediato.
Trump también podría sentirse con mayor libertad para intensificar las operaciones después de las elecciones y antes de que el nuevo Congreso tome posesión. Si Irán basa toda su estrategia en esperar hasta noviembre, podría encontrarse ante una campaña más intensa durante los meses siguientes.
IRÁN NO SERÁ EL MISMO
Independientemente de cómo termine el conflicto, Irán difícilmente volverá a ser el mismo país. La guerra acelera el deterioro económico, las luchas internas, el desgaste militar, el debilitamiento de sus aliados, la presión fronteriza y la desconfianza de sus vecinos.
Incluso si el régimen sobrevive, tendrá que reconstruir infraestructura, recuperar capacidad militar y restablecer relaciones comerciales mientras administra una población más empobrecida.
No obstante, tampoco existe garantía de que un Irán debilitado sea más estable. El deterioro del régimen podría producir fragmentación, radicalización o una lucha por el poder. Debilitar un Estado no es necesariamente lo mismo que construir la paz.
CONCLUSIÓN: ¿QUIÉN CEDERÁ PRIMERO?
La guerra ha entrado en una etapa en la que ninguna de las partes necesita obtener una victoria militar absoluta.
Estados Unidos intenta demostrar que puede sostener la presión hasta obligar a Irán a negociar. Irán intenta sobrevivir hasta que el gasto, las bajas, las elecciones y el cansancio obliguen a Washington a cambiar de rumbo.
Irán combate por la supervivencia del régimen. Donald Trump combate contra el tiempo político, el costo financiero y la necesidad de presentar un resultado convincente.
El desenlace podría no decidirse mediante una gran batalla. Podría decidirse en los mercados, en las reservas de armamento, dentro de los gobiernos, en las calles de Teherán o en las urnas estadounidenses.
¿Cuánta presión adicional puede soportar Irán? ¿Cuánto tiempo estará dispuesto Donald Trump a sostener el costo de la guerra? Al final, ¿quién cederá primero?
Fuentes consultadas
- Associated Press: costo militar de la guerra contra Irán
- Reuters: tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz
- Reuters: Turquía revoca la licencia del banco iraní Mellat
- ABC7: amenaza difundida contra Barron Trump
- Constitución de Estados Unidos: veto presidencial
- Constitución de Estados Unidos: poderes de guerra










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